17/6/15

Clásicos: Hamlet

Reseñar o no reseñar, esa es la cuestión...

Fan Art: Hamlet y Ofelia

 Hacía mucho tiempo que no me sumergía de nuevo en el teatro clásico, ¿y qué mejor forma de hacerlo que con una obra del prestigioso dramaturgo William Shakespeare? La de hoy es una reseña poco común; la reseña de una obra de teatro (escrita, no representada) en su versión original (traducida): La trágica historia de Hamlet, príncipe de Dinamarca.

Hamlet
Autor: William Shakespeare
Editorial: cualquiera que se precie

Sinopsis: durante la víspera de la invasión por parte del rey Noruego, Hamlet, rey de Dinamarca fallece en extrañas circunstancias, cediendo la corona a su hermano Claudio, que le arrebata su trono y esposa (sospechoso, ¿verdad?). 
 El príncipe Hamlet, hijo de Hamlet, desolado por la muerte de su padre, maldiciendo a su tío y madre que ofenden la memoria del difunto, tiene un encuentro fortuito con el fantasma del que en vida fuera el rey, que le revela la traición de Claudio y la naturaleza de su asesinato, lo que desencadena un complejo plan de venganza.
 Como se trata de una tragedia clásica, cuatro personajes con papeletas para morir son muy pocos, por lo que se le añade a la formula el amor plátonico de Hamlet; Ofelia, hija del Chambelán Polonio, que no corresponde del todo su amor...



Opinión personal: Shakespeare es una droga. Es imposible leer una de sus obras y no querer más, y tras leer Romeo y Julieta hace ya varios meses no podía con el mono (no sé cómo he podido aguantar tanto tiempo...).

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 Eché mano de mi recopilatorio de tragedias de Shakespeare, y en una tarde devoré una vez más la obra. Si bien es cierto que el carácter dramático de la historia hace que pierda al disfrutarla por escrito y no representada, con un poco de imaginación la experiencia puede ser igualmente enriquecedora.

 La prosa de Shakespeare es mágica. La expresión del sentimiento de los personajes y su correspondiente evolución no podría haberse ejecutado mejor. El hecho de que los diálogos sean tan expresivos que carezcan de acotaciones es inherente a la obra del dramaturgo inglés, que apenas marca entradas, salidas y muertes (muchas, muchas muertes).

 Por definición, Hamlet es una tragedia, pero Willian se lo toma con mucho humor, con constantes e ingeniosos juegos de palabras que son todo un quebradero de cabeza para los traductores.




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 Como en todo clásico, el spoiler viene de fábrica. Todos sabemos que la muerta ganará la pugna de la pasión. Es lo que tienen las tragedias, que son... trágicas. La estructura de la obra me recuerda mucho a la de Romeo y Julieta. A pesar de no tener tanto encanto -el amor ha podido con la venganza- sigue una pauta muy similar, tanto en el esquema de personajes como en el desarrollo de la historia, no solamente en la distribución de los puntos de giro, sino en la ejecución de estos, que en muchos casos se resuelven del mismo modo. 
 Esto me ha hecho reflexionar sobre la trayectoria de la literatura en estos últimos siglos; las cosas han cambiado mucho desde mis años mozos. Por todos es sabido que la originalidad no es lo que se perseguía en esta época, en la que el peso recaía sobre el mensaje (en ese sentido, sobresaliente), pero no deja de ser curiosos que las obras se agrupen por cosas tan triviales como que todos los personajes mueran o no.


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Es algo que me llama la atención en cada clase de literatura. Cada época viene acompañada de una serie de corrientes literarias que se siguen a rajatabla, y las características que definen a cada una son muy limitadas, dando lugar a una escasa diversidad. ¿Por qué a lo largo de nuestra historia se le ha puesto límite al arte? ¿Por qué nadie abandonó el acomodo de lo establecido y exploró cosas nuevas? Los personajes han de tener un perfil psicológico y social definido, el desenlace ha de seguir un camino previamente trazado... todo en el aspecto estructural parece tan artificial en lo que toca a la literatura clásica... Lo cual no quita que haya disfrutado de la obra, sin duda alguna, pero algo de frescura mejoraría el acabado general.
 Actualmente, las características que definen a un género u otro son mucho más abiertas, y no se tienen en mente a la hora de escribir, sino que se establecen una vez que la historia está acabada (o al menos es lo que quiero pensar). 



Eso no significa que en un futuro sea considerada otra clasificación absurda más, y es que clasificar el arte es tan... arbitrario y antinatural. Es algo que va en contra de lo intuitivo, en contra de lo que nos dicta la razón. Generalizar, ponerle límite a nuestra imaginación... ¡qué asco me da la sociedad! (con cariño y amor :)

Fan Art
 Regresando al tema que me ocupa (no quiero convertir esta reseña en un debate sobre el mundo editorial), algo que me interesa destacar con mayor fervor es que el soliloquio del famoso ser o no ser es completamente independiente a la escena en la que Hamlet sostiene el cráneo de Yurik. Habría que organizar alguna campaña de concienciación al respecto; se trata de un error garrafal y generalizado que no podría estar más equivocado. ¡Ni siquiera tienen lugar en el mismo acto! Que todo el mundo crea una mentira así demuestra el poder de los medios... y que no se lea a Shakespeare todo lo que se debería. Así que ya sabéis, ¡a leer Hamlet ahora mismo! ¡Es una orden!

 Reflexionemos entonces a la escena del cementerio. La reflexión se produce en esa escena es muy distinta, y se resume con la siguiente cita: "Puede un hombre pescar con el gusano que comió de un rey, y comerse el pez que se nutrió del gusano". Se puede decir más alto, pero no más claro. No necesita explicación, ¿Verdad?




 Cada palabra, cargada de significado, cada metáfora, cada discurso... Hamlet es pura poesía, y una lectura que no debéis dejar pasar.

Valoración: 9,5

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