22/2/16

Reseña Musical; el Fantasma de la Ópera


Web del espectáculo aquí.

 Desde su estreno en 1986, el musical de El Fantasma de la Ópera -producido por Andrew Lloyd Webber y dirigido por Harold Prince- se ha convertido en toda una leyenda. La representación de la novela homónima de Gatón Leroux (1909) lleva ya treinta años sobre el escenario, y en ese tiempo ha sido trasladado a numerosos países (España no se cuenta entre ellos) e incluso a la gran pantalla (El Fantasma de la Ópera, 2004).

 Hace unas semanas tuve la ocasión de ver el espectáculo en vivo nada más ni nada menos que en el West End londinense, su lugar de origen, y como os prometí ha llegado la hora de examinar en profundidad todas las emociones que esta obra maestra suscitó en mí aquel día en el Her Majesty's Theatre.

El Fantasma de la Ópera
Productor: Andrew Lloyd Webber 
Director: Harold Prince   

                                                                                                  Sinopsis: escondido en algún rincón de la majestuosa Ópera de París se haya el Fantasma de la Ópera. Una criatura por nadie conocida y por todos temida que siembra el caos entre los artistas como y cuando le place. No será hasta que aparezca la joven y virtuosa soprano Christine Daaé cuando este, un hombre de carne y hueso oculto tras una máscara, salga de su escondite y se muestre a su protegida.                                                                                                                                            No obstante, el joven Raoul, conde de Chagny y amigo de la infancia de Christine es aquel cuyo amor por la joven es correspondido. El Fantasma, sin embargo, no lo aceptará, y desencadenará una serie de "accidentes" de lo más aterradores que sacudirán los cimientos de la misma Ópera.                                                                                                                                                                                                                                                                                                  Cartel: Ben Forster como el Fantasma. Febrero de 2016 ➝➝➝➝➝➝➝


Opinión personal:

 Una oportunidad como esta sólo se tiene una vez en la vida, y agradezco que haya sido El Fantasma de la Ópera mi primer espectáculo en el West End (ojalá pudiera volver para ver The Cursed Child...). En toda mi vida jamás había disfrutado de un musical en directo en su versión original, y ha sido una mágica e inolvidable experiencia que me ha dado que pensar estas últimas semanas. He aquí, en unas pocas líneas, el fruto de mis cavilaciones.

 Antes de comenzar, cabe destacar que en la representación a la que yo asistí (4 de febrero) el papel de Christine Daaé fue interpretado por Emmi Christensson, el de Raoul por Nadim Naaman y el del Fantasma por Ben Forster. Otros miembros del reparto de aquella sesión fueron Megan Llewellyn (Carlotta), Jacinta Mulcahy (madame Giry), Alicia Beck (Meg), Michael Matus (Monsieur Firmin) y Christopher Dickins (Monsieur André). El reparto íntegro figura en la web del espectáculo (aquí).


Un mundo de sombra y color:
 El Fantasma de la Ópera es un ESPECTÁCULO con mayúsculas que ante todo entra por los ojos. Desde el instante en que se abre el telón la atención del espectador no se desvía ni un segundo del escenario. Lo primero que salta a la vista es la soberbia puesta en escena, la mejor que jamás había visto sobre un escenario, un alarde de color y creatividad que cambia en cuestión de segundos de forma casi hipnótica. Piezas de atrezzo deslizándose a los lados, surgiendo del suelo o descolgándose del techo, niebla, pirotécnia y efectos de todo tipo, a cada cual más sorprendente e ingenioso que el anterior. 

Poco después del arranque de la obra comienzas a sentir escalofríos mientras suena por primera vez el tema principal y la lámpara, hasta entonces tendida en el escenario, apagada y sin vida, asciende hasta situarse por encima de las cabezas de los espectadores mientras el teatro se transforma a una velocidad pasmosa en la Ópera de París. Recuerdo que en cierto momento, y esto fue lo que más me sorprendió, cuando se simulaba el fin de un espectáculo, una cortina se corrió en la parte trasera del escenario y todo el atrezo y los actores se volvieron para simular que el público se encontraba al fondo, ofreciendo una visión de lo que ocurría tras el telón. No fue el más espectacular de todos los cambios, pero me pareció tan sencillamente brillante que me hizo darme cuenta de la ambición que realmente está involucrada en el que no en vano se promociona como uno de los mejores musicales de la historia. Daos por avisados; El Fantasma de la Ópera es uno de esos espectáculos en los que te cansas de aplaudir.

The Music of the Night... un deleite para los oídos:
 Ante todo no debemos olvidar la naturaleza del show; es un musical, y como tal su aspecto más destacado es el apartado sonoro. No os miento cuando afirmo que la música es increíblemente cautivadora; todos y cada uno de los temas despiertan emociones en el espectador, y gran parte del mérito se lo llevan las potentes voces de los actores que lo daban todo en el escenario, alcanzando un nivel irreprochable de interpretación y canto.
 Me enamoré perdidamente de la música, y no pude evitar comprar el CD con todos los temas a la salida (¡tenía que hacerlo!). Si queréis entender de verdad lo que os digo, tened en cuenta que están disponibles en Spotify. ¡Corred insensatos! ¡No esperéis un segundo más! (Bueno, podéis esperar a terminar de leer la reseña, pero aparte de eso, ¡escuchadlos cuanto antes!).


 Comentada la puesta en escena, la música y la interpretación, no podemos dejar de lado el loable trabajo de los encargados de vestuario, maquillaje y coreografías. Suntuosos trajes y vaporosos vestidos daban vida a los números que ya de por sí eran francamente impresionantes. Podría decir sin temor a equivocarme que mis preferidos son aquellos que simulan representarse en la Ópera de París, de modo que el público y el teatro pasan a formar parte de la obra, rompiendo la cuarta pared. El Fantasma se asoma por todas las esquinas (sí, sustos) y la lámpara pende amenazante  sobre las cabezas de los asistentes (me abstengo de dar más detalles...).

Un mensaje que pierde fuerza:
 El primer acto de la obra es brillante en todos sus sentidos. El segundo acto, aunque gana en intensidad, pierde espectacularidad al ser repetidos gran parte de las melodías y escenarios (aunque cuenta también con algunos de los mejores números del espectáculo), aunque lo que sin duda se desploma, en mi más sincera opinión, en el desenlace, es el argumento y mensaje de la obra.

 Durante los compases más tempranos de la obra (y otros no tan tempranos) el argumento se sostiene perfectamente. Llegado el final de la obra, tras un número tan impresionante como los demás, se le da un final que me resulta insatisfactorio no solo desde el punto de vista argumental, sino desde un punto de vista moral. (Alerta, puede que las próximas líneas contengan spoiler). Seamos francos, resulta evidente que a lo largo de toda la obra el personaje del Fantasma encarna al perfil de un acosador de libro, que ve a Christine de forma obsesiva, como un objeto que poseer más que a una persona que amar y respetar, es un enfermo. Lo que podía acabar como una lección, -con Christine rechazándolo y él arrepintiéndose y, tal y como yo lo haría, muriendo al más puro estilo de las tragedias clásicas- acaba dando un mensaje que no me parece muy correcto. Christine marcha con Raoul, pero no sin antes demostrar su amor por el Fantasma cuyos actos se "justifican" por su pasado. No deja de ser la clásica historia de la frágil dama con el síndrome de Estocolmo que se enamora de su captor, y si me abstengo de juzgarla por esto es porque se trata de una obra de 1909. Aún así es algo que me parecía importante puntualizar. No me parece una obra tan correcta desde el punto de vista humano como desde el artístico (siendo este último indiscutiblemente perfecto).


 Por todo esto os recomiendo que, si alguna vez tenéis la gran oportunidad que yo tuve, paséis por taquilla para ver El Fantasma de la Ópera sobre un escenario y juzguéis por vosotros mismos. Estoy seguro de que no os arrepentiréis.

Diez años después...



 Aunque la novela original no tiene secuela el musical sí que la tiene, aunque en este caso es una invención del productor; Andrew Lloyd Webber, que no se ciñe a ningún guión preestablecido. Se titula Love Never Dies y se estrenó en Londres en 2010, aunque actualmente solo se representa en Hamburgo (Alemania). En un futuro próximo será llevado también a los EE.UU.
 Esta vez la acción se sitúa diez años más tarde en Nueva York. Me he tomado la molestia de traducir para vosotros la sinopsis oficial del espectáculo; disfrutadla:

 Sinopsis oficial: (puede contener spoiler de El Fantasma de la Ópera) Corre el año 1907. Han pasado 10 años desde la desaparición de la Ópera de París del Fantasma, y este ha escapado a una nueva vida en Nueva York, donde vive entre la alegría y el jolgorio de Coney Island. En este nuevo mundo cargado de energía ha encontrado finalmente un lugar en el que su música pueda elevarse. Todo lo que le falta es su amor -Christine Daaé. Ahora una de las mejores sopranos del mundo, Christine se enfrenta a un matrimonio en crisis con Raoul, por lo que acepta con emoción una invitación para viajar a Nueva York y actuar en una ópera de renombre. En un último intento por recuperar su amor, el Fantasma atrae a Christine, su marido y su joven hijo Gustave de Manhattan al brillante y glamuroso mundo de Coney Island... sin saber lo que les espera...


Para más información sobre la secuela de El Fantasma de la Ópera podéis consultar su página web aquí.

Remember: keep your hand at the level of your eyes...

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