24/10/16

Día de la Biblioteca 2016

Una luciérnaga es una isla perdida en la noche más densa

 Azares del destino hacen que todos los eventos importantes de estas semanas coincidan en lunes, y por lo tanto mi cobertura de los mismos llegue tarde (o no llegue), pero aunque el sol de haya puesto ya las librerías seguirán abriendo mañana, y no hay excusa para no dedicarle un pequeño espacio en Lectureka.

 Dicho esto, ¡feliz Día de la Biblioteca 2016! Hoy es 24 de octubre (si estás leyendo esto durante la próxima hora y media, claro), lo que convierte a esta jornada en el vigésimo Día de la Biblioteca, un evento promovido anualmente en esta fecha por la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, que desde 1997 dedican esta cita anual a reivindicar el derecho fundamental a la lectura, manifestado a través de un organismo tan importante como son las bibliotecas, a las que desgraciadamente no se les presta la atención que se debería.


 La fecha escogida no es arbitraria, sino que coincide con la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo en 1992 por el ejército serbio, lo que supuso la aniquilación de uno de los más importantes centros de promoción de la lectura que hayan existido jamás. Lo más irónico es que la orden de disparar bombas incendiarias contra el edificio la dio un usuario de la propia biblioteca, que para colmo era profesor de literatura especializado en Shakespeare. Eso no impidió que no dudara en aniquilar toneladas de conocimiento, porque el estilo arquitectónico de la biblioteca era "impuro". No fue hasta 2014 cuando se produjo su reapertura, tras invertir muchos fondos en que esta recuperara el esplendor consumido entre las llamas.

 El cartel y pregón de este año se corresponden a Elena Odriozola y Leticia Costas respectivamente, ambas Premio Nacional de Ilustración (en el caso de Elene) y de Literatura Infantil y Juvenil (en el caso de Ledicia). Unos premios que, a pesar del inicial bloqueo de fondos, parece que este año sí volverán a entregarse.

 He de decir que el pregón de Ledicia es una auténtica maravilla, aunque eso no es ninguna sorpresa...
PREGÓN
Una luciérnaga es una isla perdida en la noche más densa. Cien luciérnagas, una constelación misteriosa que marca el rumbo hacia otros universos. Así, con esa estrategia de luz, se organizan los libros que moran en las bibliotecas. Son caricias fosforescentes que incendian los sueños y recomponen los corazones grises hasta hacerlos recobrar su color rojo brillante. Cualquier individuo que padezca el síndrome del corazón gris, debería ponerse en manos de un experto y visitar una biblioteca. Para escribir un libro, además de hacer malabarismos con las palabras hay que ser una desvergonzada o un loco. Un atrevido, una excéntrica descontrolada. Llevar un calcetín de lunares, otro de rayas y los pelos de punta. Una cresta como las que lucen las cacatúas sería un peinado muy interesante para un escritor. Solo las mentes más disparatadas son aptas para escribir libros. Pero para custodiarlos no es suficiente con tener un desajuste en los cables cerebrales. Es indispensable ser de fuera. Un extraterrestre. Las bibliotecas albergan seres con antenas giratorias, cerebros millométricos que memorizan títulos rebuscados, rimbombantes, campanudos. Las personas que custodian libros siempre me han parecido criaturas singulares. Están dotadas de extremidades retráctiles que estiran y estiran hasta alcanzar aquel volumen al que parecía imposible acceder. Y a continuación, como si nada, se recomponen y todo vuelve a su posición natural. Parecen seres humanos, pero a poco que los observes percibirás que no son de aquí. Una de las cosas que más me fascina de los bibliotecarios es su cerebro. ¡Me parecen tan listos! Los libros fabrican pensamientos. Pasar tantas horas dentro de una factoría de ideas es bueno para tener un corazón rojo y brillante y una cabeza repleta de planes fantásticos. Alguien me ha contado que el 24 de octubre es el Día de la Biblioteca. Sería genial organizar una fiesta con confeti y pompas de jabón. Celebrarlo por todo lo alto. Me encantaría vestirme para tal ocasión como el personaje de algún libro, sentarme en la mesa de una biblioteca de la ciudad donde vivo y esperar a que fuesen a visitarme. En las bibliotecas puedes ser quien tú quieras. Desde Mary Poppins hasta Matilda. Atreyu, Drácula o incluso Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Långstrump. Puedes ponerte botas de pelo, plumas, zancos y sombreros. Sombreros! Eso es! Imagino a una pequeña lectora acercándose a mí discretamente, atraída por los colores y formas de mi sombrero: —Sombrerera loca, ¡qué fiesta más maravillosa! Sería tan amable de servirme una taza de té? Yo se la serviría con mucho gusto, poniendo cara de mujer refinada, y luego ambas haríamos ruido al tragar. Sonaría algo parecido a glup glup glup. Y antes de que nos diese tiempo de romper a reír de forma desenfrenada, aparecería el bibliotecario, como surgido de la nada, que para eso poseen la facultad de materializarse delante de ti en el momento más inoportuno, y nos advertiría de que las bibliotecas no son merenderos. Hay que reconocer que son únicos custodiando tesoros. Extraterrestres con el corazón rojo y brillante. Qué cosa tan extraordinaria. ¡Feliz Día de la Biblioteca! 
Ledicia Costas

¡A celebrar en vuestra biblioteca más cercana! 

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