23/10/16

Reseña: Un Monstruo viene a verme (película)


 Un Monstruo Viene a Verme irrumpió con éxito en la taquilla española el pasado 7 de octubre, y tan sólo una semana más tarde fui yo el que fue a ver al monstruo por recomendación de varios lectores y lectoras (y todo Internet). Lo que encontré aquella noche en la oscuridad de sala de cine me dejó sin palabras, o más bien, con demasiado que contar. Fue, haciendo una escueta valoración, lo mejor que he visto este año desde la butaca, y motivo más que suficiente para hacerme con la novela lo antes posible y devorarla en lo que dura un pestañeo. Pronto publicaré mi reseña de la obra original pero, manteniéndome fiel al orden en el que las disfruté, centrémonos hoy en lo audiovisual, en la interpretación cinematográfica que hace J.A. Bayona de la obra de Patrick Ness.
Un monstruo viene a verme
Director: Juan Antonio Bayona
Guión: Patrick Ness
Duración: 1h 48min

Sinopsis oficial: Conor O´Malley (Lewis MacDougall) es un chico de 13 años que, debido al acoso escolar que que sufre en el colegio, además de la grave enfermedad que padece su madre, ha desarrollado un mundo de fantasía en torno a hadas, duendes y demás criaturas maravillosas, que le permite escapar de su rutina y superar sus miedos.
A través de la ventana de su habitación, el protagonista puede divisar un árbol que se ha mantenido en pie desde hace miles de años. Unos minutos después de la medianoche, Conor despierta y se encuentra un monstruo en la ventana. Pero no es el monstruo que él esperaba, el de la pesadilla que tiene casi todas las noches desde que su madre empezó el duro e inacabable tratamiento. No, este monstruo es algo diferente, y quiere lo más peligroso de todo: la verdad. ¿Podrá este increíble árbol que ha cobrado vida en su imaginación ayudarle a superar sus problemas?


Opinión personal:
 Despejemos para comenzar la más importante de la incógnitas: Un Monstruo Viene a Verme destaca en todos los aspectos de su producción, respectando y bebiendo del material original con pocos pero acertados cambios que hacen que la historia encaje mejor en un entorno audiovisual. Dicen que la película nunca es mejor que el libro, y si bien no creo que lo sea, tampoco es, en ningún aspecto, peor. Ambas obras de arte van a la par, lo cual era casi una garantía teniendo tras las cámaras a un director tan reputado como J.A. Bayona y al propio Patrick Ness como guionista.

 Dicho esto cual monstruo (porque eso es lo que soy), os contaré tres historias, y después de todas ellas será el reseñómetro quien os cuente la cuarta: la verdad más simple, su verdad.


Primera historia: lágrimas de tinta
 Ni decenas de reseñas de práctica ni años coleccionando historias te preparan para momentos como este, ni para poner en palabras ciertos sentimientos. Puede que a mí me cueste, pero Ness y Bayona no han tenido esa dificultad para plasmarlos en pantalla.
 En un principio esta historia no llamaba mi atención por su aparente simplicidad, por ser la historia de siempre una vez más; niño es acosado en el colegio, sus padres están divorciados y su madre padece una enfermedad terminal que se convierte en un punto clave de la historia. Nada nuevo, en apariencia, pero las historias son criaturas salvajes, y esta tiene algo que ninguna otra tiene; un monstruo. O, mejor dicho, tiene algo que todas las demás también tienen, pero no son capaces de mostrar.

Un monstruo viene a verme apela directamente al corazón, mira a los ojos a ese monstruo que todos llevamos dentro y se convierte en una historia cercana y muy humana, en una vorágine de rabia, tristeza y emociones con las que, en mayor o menos medida, todo el mundo puede sentirse identificado. Si no sientes siquiera el impulso de soltar una lagrimita, es que el monstruo eres tú (y lo dice alguien que aún no ha dado con la obra de ficción que le haga lorar...).


 Ciertas noches el tejo de la colina, junto al cementerio y la iglesia, despierta de sus sueño milenario para contarle a Conor tres historias que nadie más que él puede escuchar... nadie dentro de su mundo, porque a los espectadores, desde luego, comunican mucho. Una forma brutal de construir una historia que oculta su genialidad tras dolorosos impactos emocionales que alcanzan su clímax en una escena que se anticipa desde los primeros planos de la película, y que no por esperada es menos sorprendente, verídica y arrebatadoramente brillante.

Segunda historia: una oda al arte en todas sus manifestaciones
 Sequémonos la lágrimas por un momento y analicemos veamos más allá de la trama, porque Un monstruo viene a verme es, en todos sus aspectos, una auténtica oda al arte.
 Es una oda al cine, no sólo porque ciertas escenas lo evidencien desde el guión, sino porque en su propio montaje así lo demuestra. Como pseudocineasta no he podido evitar fijarme en cada plano y exclamar para mis adentros; "esto es perfecto". Desde los trazos en primer plano hasta la primera aparición del monstruo y el desgarrador desenlace, todo está configurado a través de una excelente fotografía cargada de poderosas y efectivas imágenes.


 Es también una oda al arte de contar historias, como también lo fue la novela, porque las historias pueden ser falsas y tramposas, pero siempre necesarias y muy poderosas. En ese aspecto, Bayona y Ness son unos envidiables mentirosos. La narración alcanza un tono casi lírico, plagado de metáforas y situaciones que remueven sentimientos en el interior del espectador.

 Es una oda a la interpretación, y parte de la culpa la tienen los actores. Si Felicity Jones, Sigourney Weaver y Liam Neeson son impecables en el papel de madre, abuela y monstruo, la mayor parte de la carga interpretativa recae sobre el joven y expresivo Lewis McDougall, que a su edad es un actor envidiable.

 No queda por detrás el trabajo de los artistas digitales, que dieron vida al monstruo (del que también se construyeron cabeza y extremidades a tamaño real) y crearon dos de las historias animadas con un particular estilo artístico de tinta y acuarela que tanto contrastan con la imagen real, amoldándose al mismo tiempo a la colorida a la par que apagada paleta de colores y sentimientos del tono general de la película.


Tercera historia: un último aplauso
 Ha quedado patente que la dirección de actores, de arte y de fotografía son perlas que hacen de esta una joya de valor incalculable, y que el montaje de sonido, decorados y CGI buscan protagonismo de igual pero las virtudes de Un monstruo viene a verme van mucho más allá de lo que se ve.

 Fernando Velázquez pone música a la película, y su nombre ya empieza a ser familiar para nosotros. Si ya de por si guión e imagen despertaban intensas emociones en el espectador, la banda sonora no hace más que acentuarla. No pasa desapercibida ni en ningún momento llama la atención en exceso, pero sí lo suficiente como para crear en mí la curiosidad de buscar desesperadamente el nombre de au autor en los créditos. Del mismo modo, el tema de Keane Tear Up This Town, ha sido lo único que he escuchado en bucle esta última semana. Una forma impecable de poner punto y final a una película cargada de elementos memorables.


 Tres historias os he contado. Ha llegado la hora de que sea el reseñómetro el que os cuente la cuarta, la más simple y sincera de todas ellas.
 Reseñómetro, ¿qué te ha parecido Un Monstruo Viene a Verme?

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