26/4/17

Reflexión: la piratería [D.M. de la Propiedad Intelectual 2017]

 En pleno siglo XXI internet es el mejor aliado de los creadores de productos culturales a la hora de promover y difundir su obra, pero en muchas ocasiones puede actuar en su detrimento. Cualquier usuario de la red puede acceder a gran parte de dicho contenido con apenas un par de clicks... pero no siempre de forma lícita. En un día como hoy -26 de abril, Día Mundial de la Propiedad Intelectual- querría dedicarle unas palabras a la piratería tal y como yo la percibo; como un futuro creador de contenido que observa con impotencia a la par que comprensión un hecho que merece más debate. 

Lee aquí mi reflexión sobre la invisibilización de los traductores.
 La piratería es, sin importar el contexto y el motivo, un delito, y desde este momento me posiciono en su contra como un acto que condeno firmemente. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de las millones de personas que cada día acceden ilegalmente a contenido ajeno. Nada es blanco o negro, y la motivación de un acto como este es algo que puedo llegar a comprender. En otras palabras, descargar ilegalmente el trabajo de otra persona sin pagar por él es un robo, pero me siento incapaz de culpar sistemáticamente a quien lo hace. Desprecio a quien comete un delito con la intención de causar mal a otras personas, pero diría que nadie piratea un libro o una película con la intención de dañar al responsable de su creación. Ese es el doble filo de la piratería; el desconocimiento y la falta de conciencia al respecto.

El cómo:
 A diario observo con una absoluta incomprensión que la piratería no sólo se ha convertido en algo de lo más común, sino que es un delito que está socialmente aceptado y que se comete abiertamente y con absoluta impunidad. Nadie robaría un banco y luego lo compartiría en redes sociales comunicando a otros cómo perpetrar el atraco, y sin embargo todos los días se comparten enlaces de descargas ilegales sin tratar de ocultarlo, porque la piratería está completamente normalizada. Lo banalizada que está a día de hoy, cuando se consume más cultura que nunca, me asusta.

 Puestos a analizar con más profundidad el fenómeno, no me basta con arrojar esta observación sin tratar de ahondar en las razones. En este caso creo que está más que claras. El mayor problema y lo que hace tan difícil de combatir a la piratería es que le gente no es consciente del daño que causa, y en muchas ocasiones cree que lo que hace no tiene nada de ilegal. Es tan insultantemente sencillo que existe la creencia de que no perjudica a creadores o no es ilegal siempre que sea para consumo propio. Esto, por supuesto, es completamente falso, pero también me impide juzgar muy duramente a esas personas.

 Es ingenuo pensar que tu click no está perjudicando a otras personas. Detrás del producto que estás consumiendo ilegalmente, sea literatura, música, cine o videojuegos, hay una infinidad de trabajadores que se ganan la vida con ello. Sí, el derecho a la cultura es importante (más sobre ello a continuación), pero no más que el derecho de esas personas a cobrar por su trabajo. A esto se suma el mito de que todo creador de cultura es millonario y no pierde dinero con tu descarga, y si bien es posible que esto sea cierto para un selecto número de artistas, no lo es para la inmensa mayoría, y mucho menos para el resto de personas que trabajan en la sombra en la producción de una película o un libro. Creer que tus acciones no tienen impacto es ignorar todas las editoriales o estudios que cierran, sagas que se cancelan al no recuperar el dinero invertido y trabajadores de los que se decide prescindir. Si tú cobras (o cobrarás) por tu trabajo, ¿por qué ellos no tienen el mismo derecho?

 Si bien es cierto que no toda descarga representa necesariamente un cliente perdido, eso no quita que el hecho de piratear sea un acto que demuestre una total falta de empatía con los creadores. Lo que resulta más repulsivo a mis ojos es la cantidad de páginas webs que se lucran a costa del trabajo de otros ofreciendo descargas ilegales que se presentan como inocuas.

 ¿Segundo mito? "Los creadores deberían estar agradecidos porque así se difunde su obra". Cierto... pero no. No voy a negar que todo a lo que aspira un autor e a ser leído, y que de todos modos la posiblidad de vivir de su obra es remota, pero esta concepción de que la cultura es gratuita devalúa su trabajo y el de todos los que se dedican a crear y promover cultura. Si hablamos de literatura he de referirme a editores, maquetadores, correctores, traductores, distribuidores, libreros... Cualquier forma de arte tiene detrás un gran esfuerzo por parte de los sus responsables, y pensar que "no vale nada" y que debería ser gratis porque el mero hecho de ser arte y hacerse con gusto invisibiliza todo el trabajo invertido en su creación. Lo mínimo se puede hacer si algo te gusta es pagar por ello, tanto para demostrar tu satisfacción como para garantizar su continuidad.

El porqué:
 Pese a todo mi rechazo frente a la piratería, aún me cuesta mirar con malos ojos a quien la practica. Quizás me haya resignado, o quizás es que hay algo más. Me apasiona la literatura, el cine y los videojuegos, y si algo soy capaz de comprender es la sed de cultura.

 De nuevo, dos caras de una misma moneda. Por una parte, en los tiempos que corremos piratear es casi inexcusable. Plataformas como Netflix, Spotify, o Kindle Unlimited hacen cada vez más sencillo que la cultura llegue a todas partes a precios reducidos. Pero es cierto; no siempre es suficiente. Defiendo, a pesar de todo, que la cultura es un derecho, y en lugar de hacerla prohibitiva debería intentarse que fuese más accesible. Eso no se consigue enterrándola bajo una montaña de impuestos y sin potenciar el catálogo de las redes de bibliotecas, a las que los gobiernos deberían destinar más recursos, tanto para mejorar sus servicios como su visibilización.

 Tampoco podemos olvidar que, pese a todo, la cultura no es un producto de primera necesidad que haya que robar para sobrevivir. Eso no sirve de excusa, ¿pero podemos culpar a quien descarga un libro por la imposibilidad de conseguirlo en su país o en su lengua? Una vez más, no se adivinan malas intenciones detrás de estas descargas, sino la misma curiosidad que nos mueve a todos los que tratamos de evitarlas. Por eso entiendo necesaria la comprensión de los creadores ante quien no puede permitirse adquirir sus obras. La única forma de evitarlo es concienciar y seguir luchando. Del mismo modo, tampoco considero prudente alardear de la piratería delante de un creador solo porque este tenga que ser comprensivo. Demuestra una falta de sensibilidad y desde luego puede resultar muy incómodo.

La conclusión:
 La piratería es un delito con una ética compleja, y dudo que perseguirla y endurecer las penas que en contadas ocasiones se aplican sea la forma más efectiva de combatirla. En su lugar, abogaría por una visibilización más agresiva del problema; es una cuestión de desconocimiento y educación. Memorizar fechas y fórmulas puede tener dudosa efectividad, pero echo de menos que se apueste por la difusión de la cultura y la propiedad intelectual en centros escolares. Asimismo, el acceso a la cultura debería facilitarse y agilizarse. Comenzamos a avanzar en la dirección correcta, pero también es necesario que los consumidores conozcan el proceso creativo y el valor humano de los productos que consumen para adjudicarle así un mayor valor.

 Internet y la digitalización de la cultura están derribando las barreras físicas, pero la piratería no sólo tiene una motivación económica; también suele ser más fácil y cómodo que llegar a una obra por medios legales, lo cual seduce a muchos consumidores aunque sea en detrimento de la calidad de la experiencia.  La dirección en la que avanzar es una que acabe con esta situación. La cultura debería estar al alcance de todos, y debería estarlo de forma legal. Lo sé, es más fácil decirlo que hacerlo.

 Por último, y ante todo, que la frialdad del click y la pantalla no empañe vuestra empatía. A veces el problema no es el no saber, sino el no querer saber.

¿Tienes una opinión diferente? ¿Propondrías alguna solución? ¡Únete al debate en los comentarios!

2 comentarios :

  1. ¡Hola Pablo!
    me encanta esta reflexión que has hecho, de verdad. Personalmente creo como tú que hay múltiples caras y que es muy difícil poder hablar de todas, pero lo que está claro es que hay que cambiar las cosas. La cultura debería ser una forma de educar y aprender a valorar y respetar, así que deberíamos aprender del proceso creativo y sus fases par poder atajar este grave problema. Pero tampoco es solo eso: hay que facilitar aún más la cultura, en especial la física. Con esto me refiero a que ahora mismo se están pasando con los precios, hace ya unos cuantos años que estos se han incrementado y eso supone tener que renunciar a ella, algo totalmente injusto. Todos deberíamos poder disfrutar de una película, n libro o un concierto sin preocuparnos de si nos va a llegar el dinero. Es necesario apoyar a este sector, que además puede impulsar la economía y mejorar los trabajos y el sistema financiero.

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    1. Sabia reflexión, compañera. Creo, además, que el debate de la cultura va mucho más allá de todo eso. Ya no solo hablo de los precios, también de una cuestión de difusión mediática. Si los medios generales, y no solo los especializados, dieran más valor a la cultura, estos problemas serían menos relevantes. Los telediarios tienen una sección específica para los deportes (casi siempre enfocada en los más mainstream y masculinos) y otra para el tiempo, pero no para la cultura, a la que apenas se dedican un par de titulares de vez en cuando, a menudo mal informados.

      ¡Un saludo!

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