25/4/17

Relexión: ¿Infravaloramos a los traductores?

 A los lectores se nos da muy bien quejarnos. Quejarnos cuando se menosprecia la literatura juvenil, quejarnos por la imagen que los medios proyectan de la lectura y, sobre todo, quejarnos cuando las editoriales no traducen nuestras sagas favoritas o las dejan a medias. Nos quejamos mucho, es lo que tiene ser críticos, y eso está bien. Claro que, cuando finalmente ocurre lo contrario, también nos deshacemos en halagos hacia esa editorial que finalmente ha decidido traer a nuestro país la novela que tanto esperábamos... ¿pero sabrías decirme el nombre de los traductores de tus libros preferidos? ¿Un par de ellos por lo menos? Su responsabilidad a la hora de eliminar las barreras lingüísticas de la cultura es capital y, sin embargo, son invisibles a los ojos de la mayoría de los lectores. ¿Le damos a los traductores el reconocimiento que se merecen?


 Si has sabido responder a mis preguntas, ¡felicidades! Y si no, no te preocupes, probablemente yo tampoco sabría. La de hoy es una reflexión puramente subjetiva y basada en mi propia percepción del escaso reconocimiento que lectores y editoriales concedemos a los traductores, sin la intención de analizar otros asuntos polémicos como sus condiciones laborales, algo que requeriría una mayor documentación y quizás testimonios de profesionales, lo que podría ser sujeto de otra reflexión si esta genera interés entre los lectores.

 Comencemos por lo básico. ¿Por qué es tan importante la figura del traductor? Más allá del hecho de ampliar los horizontes de una obra y acercarla a un mayor número de lectores, me atrevería a decir que son las personas que más responsabilidad tienen sobre una obra extranjera después de sus autores. Al fin y al cabo, cada palabra que leemos de una novela traducida ha pasado antes por su filtro, e increíblemente apenas solemos saber siquiera su nombre. Es decir, cuando tenemos entre nuestras manos una novela extranjera traducida a nuestra lengua debemos saber que no se trata del texto original, y que es inevitable que en el estilo de su autor haya quedado la huella del traductor. La traducción no es una ciencia exacta, y está claro que la interpretación de un mismo texto puede variar según el traductor encargado de ella (y no hablemos de poemas y canciones...).

 Es innegable entonces el peso que, para bien o para mal, este eslabón "invisible" de la cadena carga sobre sus hombros. Una buena traducción marca la diferencia, pero una mala también, aunque pocas veces nos detengamos a pensar en ello. Es por eso que los lectores deberían tener una mayor consciencia de quién está detrás de las traducciones que lee, especialmente para premiar a aquellos resultados que resulten satisfactorios, aunque también para saber quién firma los que no lo son tanto.

 Al fin y al cabo, que los lectores tengamos un conocimiento más directo de quiénes traducen nuestras lecturas depende en gran medida de las editoriales. Todas lo señalan en letra pequeña en el interior pero, ¿acaso eso basta? Lo que me hizo tomar conciencia de todo esto fue el llamativo hecho de que una editorial como Nocturna Ediciones incluyese a sus traductores en la cubierta de las novelas que publicaban. Era la primera vez que veía que una editorial de la talla de Nocturna reconociera a sus profesionales de esta forma, dándoles un lugar destacado en portada, solo por debajo del propio autor de la obra (quien es indudablemente el que debe tener mayor protagonismo). Fue esto lo que me llevó a reflexionar largo y tendido sobre el tema y a decidir incluir a los traductores en todas las fichas de mis nuevas reseñas, pero lo cierto es que no conocía ninguna otra editorial que tuviese la misma consideración. ¿Es que acaso nadie piensa en los traductores?

 Recopilando información para esta entrada y preguntando a otros lectores aparecen más nombres: Libros del Asteroide, Nevsky, Impedimenta, Acantilado... ninguna de ellas, tengo que confesar, es una editorial que conociese de antemano, aunque eso no le quita valor al ejercicio de visibilización que llevan a cabo (lo que probablemente haga que a partir de ahora les preste más atención). Me sorprende, por otra parte, descubrir que ningún grupo editorial grande adopte esta medida, al menos en España. Que editoriales con tanta difusión y protagonismo en el mercado trataran de visibilizar a sus traductores realmente podría marcar la diferencia, y a menudo es difícil encontrar su nombre en portada más allá de los clásicos, donde su función es diferenciar la edición en cuestión de las innumerables traducciones que existen de la misma obra. ¿Es que temen estas editoriales que el nombre del traductor eclipse al de su autor? ¿Es acaso posible que incluirlo perjudique a una obra de alguna forma? Y si no es así, ¿por qué no lo hacen?

 Dicho todo esto, soy de la opinión de que el reconocimiento a los profesionales de la traducción en el mundo editorial es a menudo insuficiente, tanto para ellos como para sus lectores. No cuesta nada reservarles un rinconcito en portada para escribir su nombre en letra pequeña, ocupando una posición de importancia. A todos nos gusta que se reconozca nuestro trabajo, y el de traductor es tan importante como laborioso. ¿Qué menos que conocer por lo menos su nombre? 

 Recupero la pregunta que planteé al principio. ¿Conoces a los traductores de tus novelas preferidas? Para que nos vayan sonando, ¿qué tal si recordamos quiénes tradujeron nuestra saga predilecta? A Allicia Dellepiane le debemos la traducción de Harry Potter y la Piedra Filosofal, aunque fueron Adolfo Muñoz García y Nieves Martín Azofra quienes nos trajeron las tres siguientes entregas. Sin embargo, es a Gemma Rovira Ortega a quien tenemos que agradecer la traducción al castellano los tres últimos tomos de la saga, además de El legado maldito y el guion de Animales fantásticos y dónde encontrarlos. ¡Espero que con el tiempo vuestra lista se haga más y más grande! ¡Haced una búsqueda y dejad en los comentarios el nombre de los traductores de vuestros libros preferidos!

 Aunque el de los traductores es uno de los casos más llamativos, hay muchos más héroes y heroínas ocultos que permiten que una novela, ya sea extranjera o nacional, llegue a nuestras manos como el producto de calidad que pretenden ser. Pero esto es materia para futuras reflexiones...

¿Quieres aportar argumentos? ¿Eres traductor/a y tienes algo que añadir? 
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3 comentarios :

  1. Hola,
    Gracias por este artículo. El nombre en la portada por supuesto es un punto positivo y no significa que le quitemos protagonismo al escritor, que siempre va a aparecer en letras más grandes. El hecho de figurar en portada demuestra el reconocimiento de los traductores literarios como autores, pues somos los que hemos puesto en español las palabras de ese escritor extranjero y la calidad de la obra depende mucho de nuestra labor, junto con la colaboración del corrector y el editor, por supuesto.
    Por otro lado, algunas editoriales no nos valoran lo suficiente para ponernos en la portada, pero tampoco para ofrecernos unas condiciones de trabajo dignas, es decir, un contrato de traducción como es debido y una tarifa que nos permita cubrir los gastos básicos a fin de mes. Nocturna Ediciones desde luego no forma parte de ellas. Es una de las editoriales que mejor trata en este país a los traductores en todos los aspectos.
    Saludos,
    Noemí.

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    Respuestas
    1. ¡Totalmente de acuerdo en todo lo que dices Noemí! ¡Muchas gracias por el aporte! :)

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  2. Buena reflexión, Pablo.
    De siempre, la figura del traductor debía ser invisible, todos participaban en el juego de hacer como que creían que leían el texto original. Ciertamente, tal juego no es ni debe ser necesario hoy en día.
    Yo también creo que el nombre de los traductores y traductoras debe ser visible, aunque tampoco me parece imprescindible que aparezca en portada.
    Me parece curioso lo que comentas de las grandes editoriales. Personalmente, me parece que de hecho son las grandes editoriales las que tienen las peores traducciones (he leído verdaderos horrores de la mano de Planeta... ). De hecho, y espero no meterme en un lío, la traducción del primer HP es también un desastre (que Adolfo y Nieves arreglaron en los siguientes libros como pudieron... O les dejaron).
    ¿Sabes qué? Ahora que lo pienso, solo miro quién es el/la traductor/a cuando la traducción es mala. Y eso que soy traductora de formación... ¡Estaré más atenta!
    Bicos!

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