14/5/17

Diario de escritor #2: la creación de un nuevo mundo

 ¡Coge pluma y papel porque empieza Diario de escritor! Un viaje documentado a través de la escritura de mi #ProyectoAdrastea en el que quizás encuentres algo que te ayude para tus propias creaciones o simplemente disfrutes conociendo mi experiencia tratando de completar de principio a fin la que sería mi primera novela larga antes de que acabe el año.
 Hoy llega, con algo de retraso, la segunda entrada del diario, en la que abordo el comienzo de la creación del universo del #ProyectoAdrastea y todo lo que eso conlleva.
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 Querido diario, ¿dónde nos habíamos quedado?  He escrito sobre LA idea, ese "¿y sí?" que fue la chispa que inició el incendio. También sobre las múltiples formas que tomó; Realidades de papel e tinta, Nox, E todo foi un soño... pero nada de eso es el #ProyectoAdrastea, son meros precursores, simulacros que, a excepción de Nox, son anteriores a que mi proyecto existiera como tal. ¿Cuándo eclosionó entonces esa idea a la que no podía dejar de darle vueltas?

El punto de no retorno:
 Situar el nacimiento de una historia en el tiempo suele ser una tarea complicada. Lo normal es que el concepto inicial evolucione progresivamente hasta tomar forma, sin modo de precisar el momento exacto en el que pasa de ser una mera idea a una historia digna de ser escrita. Sin embargo, esto no fue así con el #ProyectoAdrastea, que despegó a toda velocidad en julio de 2016, y recuerdo exactamente cuándo, dónde y cómo lo hizo.

 Me gusta referirme a ese momento como "el punto de no retorno". Antes de alcanzarlo, mis historias no son más que ideas vagas, vacías, con cuerpo pero sin alma. En el caso del #ProyectoAdrastea tenía un concepto, una dinámica con la que quería jugar, pero me faltaba su contexto, su mundo y sus personajes. El punto de no retorno es, por lo tanto, ese momento en que algo en mi cabeza hace click y ese universo nace. Si te gusta escribir es fácil reconocer esa sensación, cuando pasas de tener una idea en la que te gustaría trabajar a una trama con potencial. En ese momento, deja de ser una opción.

No intentéis ampliar. La resolución es demasiado baja para que sea legible ;)
 El cómo, cuándo y dónde del punto de no retorno es, en mi caso, increíblemente sencillo de localizar. Fue en julio del pasado año, y sucedió a cientos de kilómetros de aquí. Estaba pasando tres semanas con una familia irlandesa como parte de una estancia lingüística, y la idea vino a mí. De pronto, sin comerlo ni beberlo, tenía entre mis manos la respuesta a la pregunta que llevaba meses haciéndome, desde aquel E todo foi un soño que es ahora el prólogo del #ProyectoAdrastea. Entonces supe que esta historia tenía que llegar a alguna parte, que era buena y tenía que ser escrita. Quizás no saliera bien, quizás no llegara a ninguna parte, pero el potencial estaba ahí y tenía que aprovecharlo.

Comienza el worldbuilding:
 Con la emoción característica de quien tiene entre manos una historia que acaba de despegar, no pude esperar para plasmar en papel el hervidero de ideas que era entonces mi cabeza. Cogí bolígrafo y papel y tan sólo un día después de mi ocurrencia tenía páginas y páginas de notas. Descripciones de mi mundo y sus personajes, un esbozo de la trama e ilustraciones conceptuales (y quien dice ilustraciones dice garabatos) de utensilios y localizaciones. Aunque desde aquel día la historia se ha enriquecido mucho, el esqueleto de la misma se ha mantenido intacto, y apenas he descartado ideas de todas esas páginas que aún conservo.

 En cuanto tuve las ideas más o menos claras, recuperé aquel E todo foi un soño que mencionaba en la primera entrada del diario y lo reescribí como prólogo de mi nueva creación, ajustándolo ligeramente a las necesidades del recién creado universo. Ese mes no volví a poner una palabra en el documento. Al fin y al cabo estaba en una estancia lingüística, y no era lo ideal dedicar tanto tiempo a una actividad que no fuera en inglés, así que dejé el documento aparcado, aunque sin dejar de añadir dibujos y palabras a mis notas cuando mi mente se volvía a poner a trabajar sin mi permiso.


 Resta decir que soy una persona que planifica de forma exhaustiva sus escritos, lo que se conoce como "escritor de mapa" (o, en mi caso, "proyecto de escritor de mapa"), en contraposición al "escritor de brújula", más aventurero y espontáneo. Por eso mi parte preferida de la creación literaria es lo que se conoce como worldbuilding -literalemente "construcción del mundo"-. En mi caso, dado que me hallo sumergido en una historia fantástica, eso es especialmente importante, lo que no quita que esta parte del trabajo también sea vital cuando los hechos narrados transcurren en nuestra propia Tierra.

 Cuando se escribe ficción, se busca que esta sea, incluso dentro de lo absurdo o de lo fanástico, coherente, asimilable por el lector. Si el universo que rodea a una historia no es creíble no nos llegará como lectores, y por eso hemos de tenerlo en cuenta también cuando nos ponemos a escribir. En ese aspecto, mi worldbuilding es casi obsesivo. Creo necesario hacerse preguntas sobre la lógica y funcionamiento de la sociedad ficticia que estamos creando para que esta sea creíble, incluso cuando eso pasa por saber de ella mucho más de lo que realmente es necesario para la historia. Eso ayuda a enriquecerla, desarrollarla y llenarla de pequeños detalles, que, vosotros lo sabéis bien, apreciamos mucho como lectores.

 Por eso le dediqué mucho tiempo y cariño a crear una historia que realmente quisiera contar en el mundo en el que la quería contar, y tardé mucho en empezar a trabajar en la redacción de la historia. Mientras tanto, mi mundo continúo creciendo más allá de mi control, y en la próxima entrada te contaré cómo comenzó la documentación para mi historia, cómo esa se convirtió en el #ProyectoAdrastea y cómo, por fin, comencé a escribir. Hasta entonces, querido diario, te confío estos secretos con la esperanza de que sean compartidos.
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