15/8/17

Reflexión: HP and the Cursed Child un año después

 Es difícil tratar con objetividad las más gloriosas victorias y los más estrepitosos fracasos, y desde el anuncio de su producción hasta su estreno, Harry Potter and the Cursed Child (Harry Potter y el legado maldito en España) ha pasado por ser ambas cosas. Un año después de que la octava historia de la saga Harry Potter haya subido al escenario, creo haber tomado la suficiente distancia emocional como para ofrecer una reflexión final de lo que ha implicado para el mundo mágico de J.K. Rowling y para mí mismo como fan incondicional de sus novelas. Ha llegado el momento de romper lanzas, echar la vista atrás y lamentar lo que pudo ser y no fue.

  Agárrense a sus asientos, que la travesía va a ser larga y tortuosa.


La antesala de una decepción:
 La primera vez que la prensa se hace eco de la existencia de una obra de teatro basada en el niño mago de J.K. Rowling no estoy seguro de que vaya a funcionar. En aquel momento aún no se conoce detalle alguno del proyecto. Su confuso anuncio, sumado a la no menos extraña noticia de la adaptación cinematográfica de Animales Fantásticos, hacen del futuro algo incierto para los lectores. 

 Mis dudas se disipan en cuanto vemos las primeras imágenes de la producción teatral, y lo que en un principio era confusión enseguida se torna en una desmesurada expectación. Vuelve a ser un gran momento para ser potterhead, y nuestra saga preferida va a crecer como pocas veces se ha visto; con una obra de teatro que explorará el paso por Hogwarts del hijo de Harry Potter. Se nos hace la boca agua con la promesa de una increíble puesta en escena con magia en directo y un despliegue de creatividad y medios que pocas veces se ha visto. ¿Qué puede salir mal?

 Mi fan interior trata de silencias mis temores, pero hay una cosa que me hace dudar. Mientras que Animales Fantásticos luce el nombre de Rowling en su guion, la autora británica no parece directamente involucrada en la obra de teatro. Jack Thorne figura como guionista, y junto al nombre de ella aparece la vaga descripción "historia original de". Se hace cada vez más difícil distinguir a quién atribuir méritos y a quién culpar.

 Llega el estreno, y con él la publicación en librerías del guion de la obra para saciar la curiosidad de todos aquellos que no podemos verla en el Palace Theatre de Londres. Y se desata la locura.  Los hechos hablan por sí solos, y la opinión de los fans que han leído la obra (apréciese el matiz "leído") es abrumadoramente negativa, y tiene mucho que envidiar a la positiva acogida de Animales Fantásticos. ¿Cómo ha podido ocurrir algo así cuando teníamos en el caldero (casi) todos los ingredientes para elaborar la poción perfecta?


 Echo ahora un vistazo a la reseña del guion que publiqué entonces y el resultado me parece irrisorio. En ese momento no sé como procesar lo que acabo de leer y, sorprendentemente, hablo de ella en términos positivos. En ocasiones hasta me deshago en elogios que ahora me cuesta creer que hayan salido de mí. Eso es indudablemente un síntoma de la primera fase del duelo: la fase de negación. ¿Cómo puede ser una historia del universo de Harry Potter algo malo? ¿Cómo  J.K. Rowling podría permitir que se mancillara y aberrara el perfecto universo que durante tantos años había construido? La respuesta parece clara; aquello que acabo de leer y no sé cómo interpretar tiene que ser, sin lugar a dudas, bueno. Y cuando emito mi veredicto en un tono optimista, no soy consciente de hasta qué punto estoy equivocado.

Qué ha fallado:
 No tardo en caer en mi error, y paso rápidamente por la fase de rabia y aceptación. Sí; habría sido mejor si The Cursed Child nunca se hubiera estrenado y, sin embargo, un año después vuelvo a comprar la edición definitiva del guion a pesar de que no contenga novedades sustanciales, y sé también que en cuanto se me presente la oportunidad de ver la obra en un teatro no la desaprovecharé. Lo sé, soy un fan estúpido, pero también un apasionado del teatro que sabe que, por muy importante que sea un guion, hay mucho más detrás de toda producción. Para mí enseguida se hace evidente el contraste de opiniones entre aquellos que han llegado a ver la obra y quienes solo la hemos leído. Las críticas de la prensa especializada rozaban la perfección, y en su año de recorrido The Cursed Child ha batido todos los récords de premios posibles. Parece difícil de entender desde nuestra perspectiva, pero lo que no aporta el guion si puede hacerlo la interpretación, puesta en escena, coreografía, música y efectos especiales. Quiero pensar que la crítica británica no nos engaña, y que J.K. Rowling dio luz verde al proyecto porque tenía potencial.


 Por eso considero que uno de los mayores errores en lo que se ha caído es la impaciencia. Leer un guion no es la forma óptima de disfrutar una obra, y se ha pecado de una desmesurada impaciencia al publicar el guion tan solo un día después del estreno de la obra, dando lugar a juicios incompletos. Personalmente disfruto mucho de leer guiones, pero cuando en un año apenas han querido mostrarnos más que un par de imágenes de la obra para mantener la sorpresa, veo como un gran error que haya estropeado la más grande de todas. Quizás no habría sido la mejor estrategia desde un punto de vista económico, pero no creo que el guion de una obra así deba ser comercializado hasta pasados unos años. Así incluso podrían haberse ahorrado el torpe movimiento de publicar primero una edición incompleta y luego otra definitiva sin ningún cambio visible y en cuya promoción se han acobardado bastante. Como habréis podido comprobar, también soy demasiado curioso como para que esas creencias me hayan impedido leer el guion no una sino dos veces.

 Son palabras duras para aquellos que nunca podrán ver la obra con sus propios ojos, pero no lo diría si no estuviera absolutamente convencido de que es lo más justo para la historia. Sería como darnos la sinopsis de un libro que no podemos leer, y tratar de formarnos una opinión justa sobre la novela en base a ello.

 Dicho todo esto, y aunque crea que nos hemos precipitado al juzgar la obra por lo que hemos podido leer, no me cortaré al afirmar que el guion hace aguas por todos los sitios posibles. No sé qué me parece más increíble; el profundo desconocimiento del universo Harry Potter que demuestra Jack Thorne, o que todo esto tenga la aprobación de Rowling. Es, simple y llanamente, un insulto al lector pretender que tome como veraz una historia sin pies ni cabeza.


 Aunque mi intención inicial era repasar con spoilers todas las patas de las que cojeaba la obra, he decidido no volver abrir heridas cerradas. Las contradicciones con las novelas de J.K. Rowling son tan evidentes que hacen que ponga en duda que Thorne se haya molestado siquiera en leer la saga. Incluso si aceptamos como válidas las explicaciones que tratan de justificar esos agujeros, el texto se cae por su propio peso. Si por algo amamos el mundo mágico es por su originalidad, pero The Cursed Child no solo explota una trama que se ha repetido hasta la saciedad en otros medios, sino que lo hace peor que de costumbre y, hablando en plata, es cutre. Cada giro que trata de hacer que la trama continúe es más ridículo que el anterior, y ni los nuevos personajes aprovechan todo el potencial que tienen ni los ya conocidos son consistentes. El único que se comporta acorde con cómo lo construyó Rowling es el propio Harry, porque sigue siendo un arrogante cretino. Eh, pero la edición es chula y el libro huele muy bien. Diez puntos para Little Brown.

 Si para algo me ha servido mi relectura ha sido para ver, por fin, y libre de la expectativa inicial, todas y cada una de sus inconsistencias. En ocasiones fantaseaba conque todo fuera una broma gigantesca, que el fan-fiction que habíamos leído no se correspondiese con la obra y el motivo de que todo el espectáculo se llevase con tanto secretismo fuera que la obra real tuviese un argumento completamente distinto. Como pude comprobar cuando leí la edición definitiva, estaba equivocado.


¿Está el universo de Harry Potter sobreexplotado?
 Ahora que no podemos cambiar lo ocurrido, estoy dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva, pero muchos han aprovechado la ocasión para señalar que la ficción de J.K. Rowling comienza a estirarse como un chicle. Esto es, en mi no tan humilde opinión, la mayor tragedia que ha traído consigo The Cursed Child, y me parece completamente injusto.

 Soy el primero que piensa que muchas grandes franquicias deberían cerrarse con un final redondo en lugar de sobreexplotarse sin una justificación argumental sólida, pero me parece igual de injusto que se piense que todas las franquicias longevas siguen ese mismo patrón por el mero hecho de serlo.

 Me da rabia especialmente que ocurra con Harry Potter, y que la dudosa recepción de The Cursed Child alimente esa creencia. Es muy fácil decir que esta expansión de la saga era innecesaria viendo el mal resultado pero, ¿y lo que podía ser y no fue? Dejadme que os diga una cosa; ampliar una saga como esta en el teatro es una decisión muy arriesgada, pero es también una genialidad. Por una parte tiene una distribución mucho más limitada que un libro o una película, pero también es una forma diferente de contar una historia que de ningún modo puede ser tan apoteósica como la guerra contra Voldemort, pero que en el escenario puede encontrar su propia identidad y su propio encanto. Era un plan perfecto, hasta que se escribió un guion simple y llanamente malo. Yo siempre tuve la esperanza de que Dumbledores hubiera creado un Horrocrux accidental, siendo el responsable de la muerte de Ariana, y siguiera vivo. ¿Os imagináis las implicaciones que tendría para los personajes que la trama girase en torno a matar a Albus Dumbledore, una sombra del gran mago que fue?

 Si alguien tiene una imaginación desbordante y un universo muy rico con miles de historias que contar esa es J.K. Rowling, y del mismo modo es una de las autora más admirables y responsables con su obra que puedo imaginar. Alguien como ella no necesita sobreexplotar su saga para ganar más dinero, y creo firmemente que cada una de las nuevas historias de su universo llenaban una laguna de su mundo que merecía ser contada, y lo que es mejor, no jugaban sobre seguro, y lo hacían en un formato diferente. El pasado con Animales Fantásticos, el futuro con The Cursed Child y un reimaginado presente con las ediciones ilustradas de la saga, que aportan un valor añadido a unos textos que, no lo olvidemos, tienen ya 20 años. ¡Dos décadas!

 Hace ya diez años que la saga llegó a su fin, la autora sigue escribiendo otras novelas completamente diferentes y se ha esperado lo suficiente como para que el mundo mágico siga creciendo de forma orgánica y no simplemente por aprovechar el tirón. Lo único que hay que lamentar es que no se haya sabido distanciar todas estas nuevas propuestas entre sí, y que la obra de teatro nos haya dejado un sabor agridulce. Así que sí, creo que ha merecido la pena arriesgar aunque el resultado haya sido decepcionante, y que el espectáculo teatral era realmente necesario.

 El mundo de Rowling aún tiene mucho que contar, y estoy dispuesto a escucharlo.


El verdadero legado maldito:
 Creyéndome más ingenioso de lo que en realidad soy, me atreveré a compartir una última ocurrencia. Ha sido una genialidad por parte de Salamandra que el título de la obra se haya traducido como El legado maldito, un título que no solo transmite la esencia del original sin arruinarlo, sino que tiene una mejor sonoridad y es, al mismo tiempo, terriblemente irónico.

 The Cursed Child transmitía la ambigüedad de que cualquiera de los protagonistas de la obra podría ser el niño o niña maldito. Quizás Harry, por el pasado que le persigue; su hijo Albus, por el legado que no quiere; Scorpius, por los rumores que corren sobre su ascendencia, o incluso el verdadero vástago del señor oscuro (por motivos evidentes). Una traducción literal implicaría dotar de género a ese "child" y por eso El legado maldito es una solución muy elegante e igualmente ambigua.

 Quién nos iba a decir que esta obra iba a ser, en realidad, el verdadero legado maldito de la saga Harry Potter.

Finite incantatem.

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