30/11/17

Reseña: Siega (El arco de la Guadaña #1)


  Aunque mis prolongadas ausencias entre examen y examen puedan haceros creer lo contrario, sí, ¡sigo vivo! Y hoy, vengo a hablar sobre la muerte...

 Siega es la novela con la que Neal Shusterman abre la trilogía de El arco de la Guadaña, una saga que acaba de aterrizar en España de la mano de Nocturna Ediciones. Con ella he cumplido mi deseo de conocer a un autor que últimamente no paraban de recomendarme. Os invito a descubrir conmigo por qué vosotros, si no lo habéis hecho aún, deberíais uniros al club.

Siega (El arco de la Guadaña #1)
Autor: Neal Shusterman
Traductora: Pilar Ramírez Tello
Editorial: Nocturna
Páginas: 525

Sinopsis oficial: Antes, las personas morían por causas naturales. Existían asesinos invisibles llamados enfermedades, el envejecimiento era irreversible y se producían accidentes de los que no se podía regresar.
Ahora, todo eso ha quedado atrás y sólo perdura una verdad muy simple: la gente tiene que morir.
Y esa es la tarea de los segadores. Porque en un futuro donde la humanidad controla la muerte, ¿quién decide cuándo y cómo sembrarla?
Citra y Rowan acaban de ser seleccionados como aprendices de segadores. ¿Su objetivo? Superar las pruebas de su mentor, sean las que sean.
Aunque en el proceso renuncien a todo lo que les hace humanos.

Primer capítulo aquí.
Booktráiler aquí.

Opinión personal: 
 En un futuro donde la vida es virtualmente eterna, morir es más importante que nunca. No hay mal que los nanorrobots de nuestra sangre no puedan curar. El gobierno ha sido erradicado, y en su lugar el Nimbo controla todo lo que ha de ser controlado, valiéndose de todo el conocimiento que los humanos hemos acumulado a lo largo de la historia para ejercer un mandato sin fisuras. Solo hay una cosa que escapa de su control; la muerte, lo único sobre lo que los humanos se permiten tener jurisdicción... o al menos un grupo selecto de humanos, los segadores de la Guadaña, que evitan la superpoblación  "cribando" a un porcentaje de la población (mucho más reducido, eso sí, que en la era de la mortalidad).

Una historia sobre el arte de matar:
 Lejos de tratar una premisa tan potente de forma frívola, un error en el que muchas propuestas similares han caído, Neal Shusterman sitúa la muerte en el centro de la narración y la utiliza como hilo conductor de una historia profundamente humana. Aleja del conflicto a la tecnología, a la que tanto se le culpa de todos nuestros males, y pone el punto de mira en nuestro principal enemigo: nosotros mismos.


 Una vez conquistada la muerte la humanidad se ve obligada a asumir el papel de Parca, con todo el conflicto ético que eso conlleva. La reflexión a la que invita Siega es sin duda alguna aquello que dejará huella en el lector. No podría haber sido de otra forma si no hubiésemos descubierto este mundo a través de los ojos de Citra y Rowan, los dos novicios del honorable segador Faraday que comparten un destino que ninguno de los dos busca y acompañan al lector en el descubrimientos de los claros y oscuros de un oficio que, en esencia, consiste en matar a gente.

 Cribar es necesario, pero bajo ningún concepto es algo que se deba disfrutar. Esa es una de las primeras enseñanzas que reciben, y que poco a poco conforman capas y capas de unos personajes de gran credibilidad. Es cierto que en un principio no vi del todo clara la relación que se establece entre ambos protagonistas, pero el cierre de la novela acalló satisfactoriamente muchas de mis preocupaciones. Tanto el desarrollo de los personajes como el la trama llegan a adquirir un tono muy oscuro, que fascina tanto como sorprende.


Mucho más que la vida y la muerte:
 Citra y Rowan no son los únicos personajes cuya evolución psicológica conecta con el lector. Cada capítulo está precedido de los pensamientos de alguna segadora o segador, a través del diario de la criba que la Guadaña les exige escribir con rigurosa disciplina. Estos fragmentos revelan la cara más filosófica de la novela, ayudándonos a comprender no solo el futuro en el que algún día podríamos llegar a vivir sino también la verdadera naturaleza de aquellos segadores que, a ojos de los protagonistas, pueden parecer fríos y distantes. Son también una forma de dinamizar una novela que en todo momento se caracteriza por su agilidad y no pierde nunca nuestra atención.

 No conformándose con escribir una muy buena novela, Neal Shusterman lo hace demostrando que aún queda mucho que aportar a un subgénero como la distopía, tras cuyo boom muchos creen agotado. Su secreto no es otro que la cuidadosa creación de un mundo (o, más bien, de una época, la era de la postmortalidad) complejo y veraz, dentro de su obvia naturaleza puramente ficticia. No tiene pretensiones de augurar un futuro probable, pero sí de hablarnos de algo no menos importante: nuestro presente.


 Su cuidadosa construcción no se libra de algunas lagunas que, ya sea por contradicción o por falta de explicación, han planteado más de una duda a mi lado más perfeccionista. Son, aún así, males menores en un planteamiento de otro modo exquisito. 

 Quiero pensar que muchas preguntas serán respondidas en futuras entregas de la trilogía... porque El arco de la Guadaña no acaba aquí. Pronto llegará Thunder head, segunda entrega cuyos primeros capítulos publica en exclusiva Entertainment Weekly, y aún quedará una tercera parte para cerrar la historia de Citra, Rowan, la Guadaña y el Nimbo. Estoy ansioso por descubrir qué camino toma Shusterman, aunque lo que me plantea serias dudas es la adaptación cinematográfica que ya prepara Universal. ¿Calará tan hondo el mensaje sin un desarrollo tan extenso? ¿Reflejará el mensaje emocional sin dejarse llevar por el morbo? Esas son preguntas que encontrarán respuesta otro día...

 Dejo el veredicto final en las capaces manos de mi reseñómetro.  Gracias a Nocturna por el ejemplar y por invitarme a descubrir a un autor que sin duda alguna volveré a traer a mi estantería.


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