Diario de escritor

 ¡Coge pluma y papel porque empieza Diario de escritor! En esta pestaña recopilo todas las entradas de mi sección mensual Diario de escritor; un viaje documentado a través de mi experiencia como aprendiz de escritor, durante el cual trataré de narrar con todo lujo de detalles mi carrera hacia la meta de escribir una novela larga en 2017, el por ahora bautizado como #ProyectoAdrastea. Espero que relatar mi propia experiencia y compartir los recursos y consejos que considero útiles a la hora de escribir pueda resultar inspirador. ¡Comparte tu opinión y tus experiencias escritoras en los comentarios!
 Puesto que no sé a dónde irá a parar mi manuscrito, no lo compartiré públicamente en el blog. Pero, ¿quién sabe? Quizás muestre algo de concept art, aesthetics e incuso citas que me gusten.

Publicado el 09/04/17

Querido diario. ¿Por dónde empezar? El proceso de escritura del #ProyectoAdrastea no está siendo, ni mucho menos, ágil. Estudios, deberes y exámenes han supuesto muchas interrupciones, por lo que cabe suponer que todos los pasos previos a poner la primera palabra sobre el papel también fueron lentos. Vaya si lo fueron.

La evolución de una idea y los precursores del proyecto:
 Tendría que hacer mucha memoria para recordar el día exacto, pero la idea detrás del #ProyectoAdrastea se remonta a muchos, muchos años atrás. Nadie de mi edad o mayor tendrá jamás una imaginación tan prodigiosa como la de un niño, y mi pequeño yo tenía muchas inquietudes que solo su imaginación podría responder. Se hacía muchas preguntas sin respuesta, y algunas han servido de base para otras historias. ¿Y si toda la vida en la Tierra fuese una simulación y yo fuera el único humano que no fuese consciente de ello? ¿Y si cada vez que duermo me convirtiese en otra persona en la esquina opuesta del mundo? ¿Y si yo fuese un ser humano corriente en un universo como el de los libros, donde existe la magia, y simplemente no lo supiera?

 Sí, de niño me hacía unas preguntas muy extrañas, pero siempre han sido mis mejores recursos a la hora de escribir. El proyecto que tengo entre manos nació de una muy parecida a esas, que permanecía latente en algún rincón de mi memoria hasta que un buen día, hará dos años, regresó en forma de una potencial historia. Al final, dicha historia dio muchas vueltas y se transformó en una breve obra de teatro, que después extendí con el título Realidades de papel e tinta y representé en varias ocasiones desde entonces con unos compañeros de la Escuela Municipal de Teatro de Vigo. 

 De todas las historias que pudieron nacer de esa idea, Realidades de papel e tinta fue la que acabó por distanciarse más de sus cimientos, pero no fue la única. Otra pequeña obra de teatro que he escrito este año y representaré este mes con mis compañeros, NOXaun siendo radicalmente distinta a Realidades de papel e tinta recoge muchas de las ideas, esta vez más avanzadas, del #ProyectoAdrastea. En realidad no tiene nada que ver con LA idea en la que se fundamenta, sino más bien con el desarrollo de uno de sus personajes clave.

 Ahora que lo pienso, incluso Next-Gen (una novela corta que publiqué hace un par de años en el blog y estará perdida por ahí, como debe estar) comparte elementos con el #ProyectoAdrastea. En esta historia se narra una aventura que transcurre paralela en la realidad y en un videojuego, donde la identidad se esconde detrás de un avatar y nada ni nadie es lo que parece. Ahora que la veo con perspectiva creo que poco de ella cumple mis requisitos mínimos de calidad (que quieres, diario, tenía catorce años), pero, aún así, la considero vital para que el #ProyectoAdrastea se haya convertido en lo que es hoy.

 Y es que todas estas historias tienen un elemento en común; la dualidad como elemento principal de la trama. Dos mundos opuestos, dos personajes opuestos... y por lo general dos caras de la misma moneda. El #ProyectoAdrastea no será una excepción, y por eso considero tanto a mis proyectos anteriores como a otras ideas que no tomaron forma una "preparación". Pequeños experimentos en los que aislaba elementos clave de lo que hoy se ha convertido en una potencial novela y jugaba con ellos para ver qué tal funcionaban. Ahora ha llegado el momento de juntar esas ideas y convertirlas en algo completamente diferente...

 Así pues, ¿cuándo apareció el #ProyectoAdrastea propiamente dicho? Situaría el evento hace aproximadamente un año, durante la época de estrés derivada de los exámenes de cuarto de la ESO (porque todos sabemos que cuando no tienes tiempo para escribir es cuando se te ocurren las mejores ideas). Fue entonces cuando todas las ideas y todo el trabajo que había volcado hasta el momento confluyó en una sola y definitiva idea que sería la base de la mayor historia que escribiría jamás, una idea aún sin contexto a la que vi muchísimo potencial. Pocas veces ocurre algo así, pero cuando reconoces esa sensación de que tienes entre manos una idea potente no debes dejarla escapar. Nadie más que tú va a escribirla, aunque luego no sea una obra maestra. El resultado depende solamente de ti.

Los primeros pasos del proyecto:
 Y, como cada vez que se me ocurre una buena idea y no tengo tiempo para desarrollarla, la convertí en un trabajo de clase. ¡La excusa perfecta para sacar tiempo de donde fuese y materializarla! Así que un buen día, a la una de la mañana, más dormido que despierto y al mismo tiempo incapaz de conciliar el sueño, me puse a escribir. A esas horas puede parecer que prestamos menos atención a lo que escribimos, pero precisamente eso me ayudó a reprimir a mi "editor interior" (ese que te insta a corregir la basura que escribes todo el tiempo y con el que nos encontraremos más veces) y dejar que las palabras fluyeran de forma más natural y fluida. De hecho, en menos de media hora había escrito una historia autoconclusiva de principio a fin... más o menos. Constaba de tan solo tres páginas, que por supuesto necesitaron una revisión, pero eran, en esencia, mi idea condensada en el espacio más breve posible.

 Ese relato de tres páginas se tituló E todo foi un soño, un título que engaña por muchas razones que, para evitar spoiler del #ProyectoAdrastea, no voy a desvelar. Presenté dicho relato al concurso literario que se organiza en mi antiguo colegio cada año con motivo del Día das Letras Galegas, y gracias a él lo gané. Eso me dio ánimos para hacer crecer las fronteras de la historia, por lo que aquel relato se convirtió, sin apenas modificaciones, en el prólogo de lo que hoy es el #ProyectoAdrastea.

 Pese a todo, y después de todos estos circunloquios y experimentos, aún me faltaba algo muy importante... la esencia de la historia, un contexto que le diera sentido a LA idea. Entonces solo tenía mi "¿y si...?", pero necesitaba desarrollarlo, tenía que construir unos personajes, un universo y un conflicto a su alrededor, y eso no nacería hasta varios meses después, en julio de 2016... pero será material para mi segunda entrada del diario.

 Pongo punto y final por hoy, porque el #ProyectoAdrastea me está esperando. En la próxima entrada del diario descubriremos cómo se materializó la idea, qué es y por qué es importante el worldbuilding (desde mi inexperto punto de vista) y cómo, por fin, comencé a escribir. Hasta entonces, querido diario, espero que dejes tus páginas abiertas a quien quiera leerlas.

Publicado el 14/05/17

Querido diario, ¿dónde nos habíamos quedado?  He escrito sobre LA idea, ese "¿y sí?" que fue la chispa que inició el incendio. También sobre las múltiples formas que tomó; Realidades de papel e tinta, NoxE todo foi un soño... pero nada de eso es el #ProyectoAdrastea, son meros precursores, simulacros que, a excepción de Nox, son anteriores a que mi proyecto existiera como tal. ¿Cuándo eclosionó entonces esa idea a la que no podía dejar de darle vueltas?

El punto de no retorno:
 Situar el nacimiento de una historia en el tiempo suele ser una tarea complicada. Lo normal es que el concepto inicial evolucione progresivamente hasta tomar forma, sin modo de precisar el momento exacto en el que pasa de ser una mera idea a una historia digna de ser escrita. Sin embargo, esto no fue así con el #ProyectoAdrastea, que despegó a toda velocidad en julio de 2016, y recuerdo exactamente cuándo, dónde y cómo lo hizo.

 Me gusta referirme a ese momento como "el punto de no retorno". Antes de alcanzarlo, mis historias no son más que ideas vagas, vacías, con cuerpo pero sin alma. En el caso del #ProyectoAdrastea tenía un concepto, una dinámica con la que quería jugar, pero me faltaba su contexto, su mundo y sus personajes. El punto de no retorno es, por lo tanto, ese momento en que algo en mi cabeza hace click y ese universo nace. Si te gusta escribir es fácil reconocer esa sensación, cuando pasas de tener una idea en la que te gustaría trabajar a una trama con potencial. En ese momento, deja de ser una opción.

No intentéis ampliar. La resolución es demasiado baja para que sea legible ;)
 El cómo, cuándo y dónde del punto de no retorno es, en mi caso, increíblemente sencillo de localizar. Fue en julio del pasado año, y sucedió a cientos de kilómetros de aquí. Estaba pasando tres semanas con una familia irlandesa como parte de una estancia lingüística, y la idea vino a mí. De pronto, sin comerlo ni beberlo, tenía entre mis manos la respuesta a la pregunta que llevaba meses haciéndome, desde aquel E todo foi un soño que es ahora el prólogo del #ProyectoAdrastea. Entonces supe que esta historia tenía que llegar a alguna parte, que era buena y tenía que ser escrita. Quizás no saliera bien, quizás no llegara a ninguna parte, pero el potencial estaba ahí y tenía que aprovecharlo.

Comienza el worldbuilding:
 Con la emoción característica de quien tiene entre manos una historia que acaba de despegar, no pude esperar para plasmar en papel el hervidero de ideas que era entonces mi cabeza. Cogí bolígrafo y papel y tan sólo un día después de mi ocurrencia tenía páginas y páginas de notas. Descripciones de mi mundo y sus personajes, un esbozo de la trama e ilustraciones conceptuales (y quien dice ilustraciones dice garabatos) de utensilios y localizaciones. Aunque desde aquel día la historia se ha enriquecido mucho, el esqueleto de la misma se ha mantenido intacto, y apenas he descartado ideas de todas esas páginas que aún conservo.

 En cuanto tuve las ideas más o menos claras, recuperé aquel E todo foi un soño que mencionaba en la primera entrada del diario y lo reescribí como prólogo de mi nueva creación, ajustándolo ligeramente a las necesidades del recién creado universo. Ese mes no volví a poner una palabra en el documento. Al fin y al cabo estaba en una estancia lingüística, y no era lo ideal dedicar tanto tiempo a una actividad que no fuera en inglés, así que dejé el documento aparcado, aunque sin dejar de añadir dibujos y palabras a mis notas cuando mi mente se volvía a poner a trabajar sin mi permiso.


 Resta decir que soy una persona que planifica de forma exhaustiva sus escritos, lo que se conoce como "escritor de mapa" (o, en mi caso, "proyecto de escritor de mapa"), en contraposición al "escritor de brújula", más aventurero y espontáneo. Por eso mi parte preferida de la creación literaria es lo que se conoce como worldbuilding -literalemente "construcción del mundo"-. En mi caso, dado que me hallo sumergido en una historia fantástica, eso es especialmente importante, lo que no quita que esta parte del trabajo también sea vital cuando los hechos narrados transcurren en nuestra propia Tierra.

 Cuando se escribe ficción, se busca que esta sea, incluso dentro de lo absurdo o de lo fanástico, coherente, asimilable por el lector. Si el universo que rodea a una historia no es creíble no nos llegará como lectores, y por eso hemos de tenerlo en cuenta también cuando nos ponemos a escribir. En ese aspecto, mi worldbuilding es casi obsesivo. Creo necesario hacerse preguntas sobre la lógica y funcionamiento de la sociedad ficticia que estamos creando para que esta sea creíble, incluso cuando eso pasa por saber de ella mucho más de lo que realmente es necesario para la historia. Eso ayuda a enriquecerla, desarrollarla y llenarla de pequeños detalles, que, vosotros lo sabéis bien, apreciamos mucho como lectores.

 Por eso le dediqué mucho tiempo y cariño a crear una historia que realmente quisiera contar en el mundo en el que la quería contar, y tardé mucho en empezar a trabajar en la redacción de la historia. Mientras tanto, mi mundo continúo creciendo más allá de mi control, y en la próxima entrada te contaré cómo comenzó la documentación para mi historia, cómo esa se convirtió en el #ProyectoAdrastea y cómo, por fin, comencé a escribir. Hasta entonces, querido diario, te confío estos secretos con la esperanza de que sean compartidos.

Publicado el 28/06/17

 Querido diario, ha pasado mucho tiempo. Me emociona saber que esta será la última ocasión en la que te hable del pasado, y que a partir de la próxima entrada hablaremos del progreso del #ProyectoAdrastea en tiempo presente. He decidido descartar mi no muy avanzado progreso y recomenzar la escritura ahora que mi mundo ha cobrado una forma más definida, y este será el verano en que saque el proyecto adelante. A partir de la próxima actualización te contaré las dificultades que me encuentro mes a mes avanzando en mi manuscrito, pero también todo lo que habré aprendido en ese tiempo. ¡Pero no nos adelantemos a los acontecimientos! El pasado aún guarda secretos que contar...

Hora de documentarse:
 Mentiría si dijera que después de volverme loco con el worldbuilding -en el que tanto insistía en la última entrada- me puse a trabajar en la historia. Lo cierto es que, tras el empujón inicial, se quedó parada unos cuantos meses, si es que alguna vez volvió a despegar de nuevo. Sí, me daba miedo enfrentarme a la página en blanco, y mientras me ponía excusas para empezar a escribir continuaba regando mi mundo. Este, claro está, no ha parado nunca de crecer.

 Así que una de las primeras cosas que hice cuando me decidí a trabajar en serio fue documentarme. El tema central de la novela es eminentemente fantástico, pero quería dotar de cierta base científica al funcionamiento que ideaba para mi nuevo mundo. Según que tema se trate, documentarse es para muchos la parte más dolorosa del proceso. Para mí no lo fue, pero mentiría si dijera que no supuso esfuerzo.

 Mi proceso de documentación pasó por llevarme unos cuantos libros de la biblioteca y comenzar a bucear entre la porquería para encontrar algo útil. Cuando se investiga sobre los aspectos del cerebro humano que a mí me interesaban (y hasta ahí puedo leer) es mucho más complicado encontrar información con fundamento médico que explicaciones más bien dudosas y más propias del horóscopo del periódico que de una enciclopedia seria.

 A pesar de todo, me encontré inmerso con sumo interés en libros de medicina -cosa que no volveré a decir en alto- y redactando apuntes que tienen poco que envidiar a los que hago para el instituto (y son mucho más interesantes). De todos modos, la documentación nunca se termina, y esta parte del proceso tan solo se correspondía con los aspectos más básicos de mi historia. Cuanto más crece esa más documentación precisa, y hay días en los que si la policía echara un vistazo a mi historial de navegación seguramente acabaría detenido (¡juro que todo lo que he buscado sobre armas medievales era documentación para una novela!).

La ficha del #ProyectoAdrastea en el NaNoWriMo

Y el temido momento llegó:
 En noviembre de 2016 decidí que no podía retrasar más lo inevitable, que el temor a la página en blanco solo acabaría por destruir una idea que tenía que salir adelante costara lo que costase. Ya tenía a mis espaldas mucho trabajo hecho; hojas de apuntes con mi documentación, fichas de personajes, descripciones de la trama y de mi mundo, bocetos de utensilios clave en mi historia... todo ello, eso sí, en un estado no muy cómodo para trabajar. Lo primero que hice antes de ponerme a escribir fue elaborar un documento donde transcribí todas mis notas y al que fui añadiendo información durante todo el proceso. Lo llamé Archivos del Proyecto Adrastea, y contiene información muy detallada de todos y cada uno de los aspectos de mi historia. Es casi como una enciclopedia de mi universo, y en este punto tiene una extensión mayor que el propio borrador de la novela.

 Con la ilusión de quien tiene una historia que contar decidí sumarme a la iniciativa del NaNoWriMo  (National Novel Writing Month) para darle el empujón definitivo al proyecto. Este reto consiste en escribir una novela de 50.000 palabras (o, en mi caso, las primeras 50.000 palabras de mi novela) en solo un mes, el mes de noviembre. Creando una cuenta en la web del NaNoWriMo es posible seguir tu progreso diario y comprobar tu ritmo de escritura mientras recibes consejos motivacionales de autores experimentados y participas en sprints con tus amigos. 

 Para personas con un ritmo de escritura tan lento como el mío, este es un ejercicio muy sano para acallar a nuestro "editor interior", y es que mi primer borrador incluye normalmente una, dos o tres correcciones. Como comprenderéis, poner una palabra detrás de otra supone una gran dificultad cuando lo único en lo que piensas es en que nada es suficientemente bueno, y lo único que consigues es impedir que tu historia fluya. Por eso en el NaNoWriMo prima la cantidad sobre la calidad, y lo más probable es que lo que escribas durante ese tiempo no sea nada bueno, pero contenga muchísimas ideas que aprovechar y mucho material que pulir a posteriori para obtener el resultado deseado.

 Al principio me uní a la iniciativa con gran entusiasmo. Creé una imagen conceptual para ilustrar el proyecto (que trata de reflejar esa dualidad presente en muchas de mis historias de las que hablaba en anteriores entradas) y comencé a escribir con energía. Avanzaba lento pero seguro, revisando mi texto constantemente. Ahora que lo leo con distancia, incluso me siento satisfecho con el resultado, pero entonces no veía nada más que los fallos. Poco a poco comencé a quedarme por detrás de la meta diaria, y en seguida se hizo patente que un estudiante de primero de bachillerato con tanto estrés como el que yo acumulaba y tantas inseguridades a la hora de escribir como albergaba no podía escribir 50.000 palabras en un mes como noviembre. Al final lo abandoné a las 10.000 palabras, y muchas de ellas fueron en realidad textos de los Archivos del Proyecto Adrastea, que obviamente eran mucho más sencillos de sacar adelante al ser simples expresiones de ideas sin filtro.



 Y, durante mucho tiempo, ahí quedó la cosa. Ese episodio de inspiración acabó en una grave crisis, uno de esos momentos en los que te planteas que quizás no eres capaz de contar lo que quieres. Sin embargo, el mundo de mi cabeza nunca murió, y de vez en cuando seguían surgiendo ideas que acababan en mis archivos. Traté de darme una segunda oportunidad en el Camp Nanowrimo de abril, una versión light del Nanowrimo que se celebra en abril y julio y en el que es el creador el que ajusta su meta con mucha más flexibilidad. En esa ocasión el contador quedó a cero, y no llegué a retomar la escritura. De nuevo, abril no era un buen mes para escribir, y me veía incapaz de manejar mi estrés estudiantil y mi creatividad al mismo tiempo.

 Así que me di un respiro. Decidí dejar reposar las ideas y comenzar de nuevo al terminar el curso, con tiempo, un año después del momento en que todo se puso en marcha. Me replanteé muchas cosas, decidí desechar lo que había escrito y comenzar de cero (puesto que los cambios de la trama afectaban especialmente a ese fragmento) y me sumé a la segunda edición del Camp Nanowrimo que tendrá lugar en julio. Mi meta serán 70 páginas y actualmente estoy trabajando en la escaleta de mi historia para no dejar un cabo suelto y tener siempre una meta hacia la que avanzar. No estaré solo en el Camp Nanowrimo y espero que eso sea suficiente para que, esta vez sí, el #ProyectoAdrastea vea la luz que se merece. El mes que viene sabrás si lo he conseguido.


Continuará...

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